
El Moto G tercera generación es como el celular buena onda de la gama media,
es el chico de la clase al que todos le cae bien porque tiene estilo, frescura,
es inteligente y muy versátil. Quizás, suene extraño pero así es como me
imagino a este Smartphone, como si fuera una persona, y es que, aunque tal
vez no evolucionó radicalmente, en cuestión de diseño, respecto a los modelos
anteriores, sí presenta un par de
aspectos sutiles que lo hacen lucir diferente. El primero de
estos cambios –y más notable– es la parte trasera, que ahora tiene carcasas que
se sienten más sólidas pero manteniendo los colores vibrantes que le dan ese toque juvenil al teléfono. En el
centro, alrededor de la cámara, tenemos una pequeña pieza tipo metálica que no
existía en las generaciones anteriores y que puede ser personalizado según el
color que mas te guste a través de Moto Maker.
Si compras la versión de 16 GB encontrarás en la caja dos tapas de colores adicionales para que lo combines de la forma que más te guste y es la única versión para dos SIM. Una de las cosas que me gustan de este Moto G es que no sólo es un teléfono bonito sino que además es un equipo al que le podría dar mi voto de confianza al someterlo a una buena de resistencia. La parte trasera tiene una tapa removible pero si la quitamos, nos damos cuenta que la batería no es extraíble, en realidad se trata de un celular de una sola pieza que lo único que expone debajo de las carcasas son las ranuras para microSD, la microSIM 1 y la microSIM 2 (versión de 16 GB).
Así es, Moto G tercera generación con 16 GB tiene la
capacidad de trabajar con dos tarjetas SIM al mismo tiempo y éstas no tienen
que ser necesariamente de la misma compañía.. El display también es
resistente gracias a la protección de un cristal Gorilla Glass de tercera generación,
esto no quiere decir que es indestructible pero al menos no es tan propenso a
los rayoncitos que aparecen cuando lo guardas en las bolsas de tu pantalón o
mochila, que siempre está con muchos objetos. Viene
con Android Lollipop 5.1.1, es el hecho de que gracias a que cuenta con una
versión pura de Android, no necesita
de muchos recursos para manejarse de forma fluida. El sistema
precargado pesa aproximadamente 4 GB en total, es decir, 1 GB menos que en
otros teléfonos. Esto por consecuencia nos deja 12 GB de almacenamiento interno aproximadamente para
la versión de 16 GB y 4 GB en la versión de 8 GB. Podríamos decir que esto es
una desventaja pero sería injusto dado que es un mal de todos los celulares
Android en el mercado.

Moto G tiene dos versiones
disponibles cuya única
diferencia es el almacenamiento interno y la memoria RAM de los mismos: 1 GB y
2 GB respectivamente, aunque ambos tienen la ranura de expansión microSD de 32
GB. Por supuesto que el precio del Moto G de 8 GB es muy atractivo pero la
realidad es que por sólo $500 más
puedes tener mejor desempeño al trabajar con varias App, así
como más capacidad interna para almacenar aplicaciones, yo en tu lugar haría lo
posible por junta esa pequeña diferencia.
Eso sí, en ambos casos tenemos el mismo procesador, un
Qualcomm Snapdragon 410 de cuatro
núcleos que corre a 1.4 GHz. Yo lo probé con Asphalt, Angry
Birds 2, Candy Crush, App de cámara y varias ventanas de Chrome abiertas y en
ningún momento sentí que se calentara más de lo debido. Sus 2470 mAh suenan a poco pero en la
práctica el teléfono hace un consumo muy óptimo de energía de manera que es muy
difícil que se te acabe un 100% en un solo día a menos que de verdad te
dediques a ver películas y tomar fotos durante todo el día. Digamos que para un
uso de papás o estudiante de
preparatoria queda perfecto, a menos claro que ese adolescente
esté en una relación. Las relaciones sentimentales son el peor enemigo de la
batería de cualquier celular.
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